El proyecto tecnológico de viviendas sociales que impulsan Aravena y Solari.

Tras más de un año de trabajo, en diciembre se testeará el primer prototipo basado en paneles prefabricados de hormigón. «Si la construcción de 20 casas de la manera convencional toma entre 12 y 14 meses, con esta tecnología armar la estructura de tres pisos demora tres semanas», dicen.

El miércoles 11 se concretó el traspaso de recursos. Ese día el Minvu pagó a TECHO alrededor de $42 millones para la construcción -y posterior evaluación- de un prototipo de viviendas en el terreno donde se ubica Infocap, en la comuna de San Joaquín. Serán dos unidades de 90 m2 cada una distribuidas en tres pisos, compuesta por 19 m2, que corresponde a la unidad de servicios básicos (USB) de la casa, es decir, su punto de partida, y una ampliación de 71 m2.

El empresario Sandro Solari y el arquitecto Alejandro Aravena llevan esperando más de un año por el momento del inicio de esa construcción: al alero de Compromiso País (16 mesas de trabajo público privado que impulsó el gobierno) trabajan desde junio de 2019 en un proyecto de viviendas sociales para dar solución a campamentos en zonas de riesgo en base a muros prefabricados de hormigón de última tecnología, algo que nunca se ha hecho a esta escala en el país.

Aravena esta vez radicalizó su modelo incremental (como se le conoce a su trabajo de viviendas ampliables) en pos de la emergencia que acentuó la pandemia: si la construcción de 20 casas de la manera convencional toma entre 12 y 14 meses, con esta tecnología armar la estructura de tres pisos demora tres semanas. A eso hay que sumarle la urbanización, que se desarrolla al mismo tiempo. «Esto tiene una eficiencia exponencial porque para dos casas se demora dos semanas; para 20 se demora tres, puede ser que para 100 casas se demore cuatro», señala el recién nombrado presidente del jurado del premio Pritzker 2021.

Casi en paralelo con la construcción del prototipo, la iniciativa se testeará en un piloto. Durante el primer semestre del próximo año se levantará en Santiago un «barrio evolutivo» para probar en escala el modelo. Si es exitoso, podría convertirse en política pública.

«Si algo vimos en pandemia fue el aumento explosivo de campamentos. Estábamos tratando de analizar cómo a través del Minvu se puede resolver el dilema. Pero el programa más económico no es lo suficientemente rápido -si estás en una toma ilegal de terreno, demorarse ‘un par de años’ es demasiado-; y el programa rápido de la Onemi no tiene el estándar para que funcione como vivienda. En ese vacío institucional vimos esa necesidad de poder hacer algo», dice el arquitecto.

El ministro de Vivienda Felipe Ward complementa: «Hoy hay que generar soluciones rápidas, que sean eficientes. Acá hay una solución de calidad que nos permite tener una cobertura incluso superior a las herramientas que trabajamos nosotros».

La Casa Acueducto

Cuando en octubre de 2018 se constituyó la mesa de Vivienda y Urbanismo de Compromiso País integrada por Solari, el entonces ministro de Vivienda Cristián Monckeberg, Sebastián Bowen de TECHO, Felipe Arteaga de la Fundación Vivienda y Luis Valenzuela de la Universidad Adolfo Ibáñez, el grupo rápidamente detectó cuatro necesidades: diversificar las soluciones; actuar rápido -gran parte de los campamentos están en zonas de riesgo-; convertir el gasto en inversión -muchas de las viviendas de emergencia después quedan botadas, dice Bowen-; y aprovechar las capacidades y creatividad de las familias para la autoconstrucción, la voluntad de la sociedad civil y la capacidad del Estado para responder en el mediano plazo.

En tres meses, el director ejecutivo de TECHO recorrió junto al exgerente general de Falabella gran parte de los campamentos del país. Con ese barrido, el empresario hizo un diagnóstico.

«Los campamentos crecen a pasos agigantados, muchas veces en zonas de riesgo. Es un problema complejo que requiere un alto estándar técnico, por eso vimos en el equipo de Elemental un aliado para que abordara este tema con calidad y dignidad», asegura Sandro Solari.

Aunque nunca habían trabajado juntos, el empresario conocía a Aravena y sabía que frente al dilema de la escasez de tiempo, plata e institucionalidad, una posibilidad era enfrentar con incrementalidad el déficit de viviendas. Le preguntó al arquitecto si su oficina tenía algún diseño que pudiera funcionar. «Es en lo que hemos estado toda la vida», respondió Aravena sobre la idea de partir por levantar un núcleo irreductible (USB) que se hace cargo de lo más básico y luego se le agregan recintos al mismo tiempo que se hace la urbanización.

«Cuando partimos con la USB -que habíamos hecho en Harvard- nuestro radar estaba en el mundo, países como India o África. Chile ya tiene demasiado desarrollo para políticas públicas que son mucho más esenciales. Le llamábamos la ‘Casa Acueducto’ y es la que hemos trabajado en Renca, Lo Barnechea, etc. Aquí nos habíamos salido del problema de los servicios básicos y de repente con los campamentos nos volvimos a enfrentar a este dilema que parecía estar erradicado», asegura el arquitecto. Esa fórmula la habían patentado en la UC.

En junio de 2019 Elemental comenzó a trabajar en el diseño de un proyecto que utilizara este modelo. Pero de forma más radical: se armaría con paneles prefabricados con aislación térmica, resistencia al fuego y antisísmica, cuya instalación se haría en una semana. Ese núcleo -que incluye baño y cocina-, sería cerrado por una fachada cuya área total sería de 90 m2, para construirse y ampliarse en el tiempo. Muy por sobre los 55 m2 de la política actual de vivienda social.

La idea inicialmente no tuvo total aceptación en el Minvu, señalan fuentes de la cartera, ya que ningún ministro estaría dispuesto a sacarse la foto entregando viviendas «a medio terminar». Tampoco estaban de acuerdo con que no estuviesen urbanizadas.

«Hubiésemos querido que esto estuviera en la Onemi y no en Vivienda porque ésta no puede sino hablar de ‘casa’. Y una casa no tiene 19 m2 efectivamente. Entonces había una mirada conceptual que era muy difícil de zanjar que es que el ministerio le pedía a una pieza de infraestructura que funcionara como arquitectura», responde Aravena. Y agrega: «Si tu marco institucional en el que puedes operar es esperar la urbanización completa, eso se demora entre 8 y 10 años. Si no introduces la variable tiempo, entonces sigamos haciendo lo mismo. Pero ese ‘hacer lo mismo’ implica que estamos entregando 60 mil unidades de vivienda en vez de las 90 mil que se necesitan al año».Frustración

En noviembre del año pasado la oficina de arquitectura hizo una licitación con la DITEC del Minvu donde invitó a cuatro prefabricadores a hacer una oferta técnica y económica de los paneles. Se le adjudicó a BauMax, ligada a Alexis Berczely y Sebastián Lüders. La idea era hacer un piloto en enero pasado. Pero el estallido social y la pandemia pusieron en pausa la iniciativa en el gobierno. Mientras, los otros miembros de la mesa eran testigos de que la urgencia por viviendas solo se acentuaba con la crisis sanitaria y económica. «Cuando hay algo que dentro del marco regulatorio vigente tiene puras ventajas, menos tiempo, más superficie, más calidad… ¡cómo no puede avanzar!», dice Aravena. «Es como tener una vacuna que funciona y que el Minsal no tenga una manera de ponerla en los consultorios», agrega.

Cuando Felipe Ward llegó a Vivienda en junio pasado llamó a Solari y a Elemental a una reunión, donde también participó el subsecretario Guillermo Rolando, el jefe nacional de campamentos del ministerio Carlos Garcés y Lucía Armanet de Compromiso País. Ese día el secretario de Estado se comprometió a acelerar el trabajo.El piloto en La Florida.

Todas las semanas se reúne el arquitecto Juan Ignacio Cerda, socio de Elemental, con Garcés, TECHO y BauMax en Infocap para darle seguimiento al desarrollo. Esta semana comenzó la limpieza del terreno en la calle Departamental para preparar la instalación de los prototipos.

Una vez levantados, serán presentados y testeados entre distintos dirigentes de campamentos para que lo evalúen y se capaciten en su construcción. «En estas innovaciones siempre hay un riesgo, por lo que tiene que haber un acuerdo público-privado-social», dice Sebastián Bowen.

Respecto del piloto, una de las piedras de tope ha sido encontrar un terreno. En un comienzo se iba a hacer en Copiapó, pero cuando estaba casi listo, se cayó por un cambio de uso de suelo; luego se evaluó hacerlo en Renca, pero al hablar con el alcalde, éste le dijo que el paño ya se había adjudicado a otro desarrollo.

Solari y Elemental optaron por separar los caminos del prototipo del piloto, y a su vez buscar por fuera un terreno con privados donde desarrollarlo. Vieron otra posibilidad en Renca. La movida alertó al Minvu -y en privado algunos reconocen que les molestó- por lo que la cartera puso acelerador. A la fecha estarían próximos a cerrar un sitio en La Florida para pilotear un barrio evolutivo de 13 casas, pero aun no está cerrado.

Aún no hay claridad si esas viviendas se entregarán más en bruto o terminadas. La decisión, dicen, dependerá de las familias. «A veces la gente no quiere tener toda la ampliación: prefieren, por ejemplo, tener un minimarket en el primer piso, o un lugar para estacionar el taxi dentro del terreno, otros prefieren poner muchos dormitorios… es tanta la variación que tienes que poder identificar qué vas a entregar y que vas a dejar abierto», explican en Elemental.

Lo que quiere impulsar la oficina de arquitectura es la autoconstrucción. «La casa entera ampliada tiene el valor del subsidio DS49. Solo el hormigón cuesta la mitad. Nos gustaría darles la posibilidad de que se subsidie por el prefabricado robotizado perfecto y la urbanización, y el resto de los recursos se vaya a la autoconstrucción en un proceso de talleres que tú les explicas cómo ampliar. De esa forma esa plata les llega a ellos mismos y permite un desarrollo económico de las propias familias», explica Juan Ignacio Cerda.

Aravena agrega: «Equivocarse en el cerramiento es muy improbable. La calidad no es el tema -no se les va a llover, ni quedar mal-, y de esa forma estaríamos ayudando a darles empleo también».

Ward dice que mientras se construye el piloto simultáneamente se llevará a cabo el trabajo administrativo para que si éste va bien, pueda replicarse el programa de forma masiva. «Lo hemos conversado con el Presidente y hay interés. El Estado tiene que apoyar las buenas ideas, y esta puede tener un futuro realmente bueno», remata el ministro.

Fuente: Diario Financiero